Capítol
10
En
este mundo no existen las coincidencias,
solamente existe lo inevitable.
Las coincidencias son simplemente los artificios del universo para que cada
uno cumpla su propio destino.
Ese mismo día tuvieron clase de música. Hay que decirlo, Kaiba no dejó de lanzarle miradas asesinas a Akira en todo el día, aunque esta ni se inmutaba, al contrario, le divertía bastante ver el grado de aflicción que le había causado al empresario con su bromita. No es que deseara fastidiarlo, pero Akira Nagasaki tenía sus razones para hacerle esos chistecitos al ojiazul, y lo bueno apenas empezaba.
En fin, el caso es que estaban en clase de música. La profesora les estaba diciendo sobre las pruebas para el coro, que se llevarían a cabo esa misma tarde. En una de sus miradas hacia Akira, notó que la pelirroja a su lado mostraba un brillo extraño en la mirada y que se veía especialmente interesada en el asunto del coro. Kaiba no pudo evitar sonreír. Había escuchado a Ari tarareando mientras cocinaba un par de veces y sabía que tenía una linda voz.
-¿Te vas a quedar a las audiciones del coro?- preguntó calmadamente.
Ella sonrió y asintió –Cuando era niña solía estar en el coro, pero desde que me mudé a Egipto ya no pude por el trabajo. Aunque no creo quedar... después de todo, los japoneses tienen un tipo de voz muy especial...- explicó torciéndose el cabello con nerviosismo
-Yo también tengo que quedarme al coro. La maestra me pidió que le ayudara con el piano- el joven resopló algo fastidiado. Increíblemente, era el único en la escuela que sabía tocar piano, ni siquiera la maestra lo hacía, por lo que él era el encargado de tocar el piano en los ensayos del coro. Como es de esperarse, esta “profesión” no lo hacía nada feliz, aunque la expectativa de que Ari entrara al coro lo hacía un poco menos tedioso, pero tedioso, aburrido, fastidioso y horrendo al fin de cuentas.
Llegada ya la hora de la salida, Ari se despidió de su hermana y fue hacia el salón de audiciones, donde ya había muchísimas chicas arreglándose, maquillándose y afinando sus voces con el fin de impresionar a Seto Kaiba. Pasó una, y otra, y otra, inclusive Minami Minagawa, la presidenta del Blue Dragon, quien curiosamente llevaba un brazo en cabestrillo y un ojo morado, y no miró con muy buenos ojos (o con muy buen ojo, tomando en cuenta que el otro lo tenía golpeado) cuando le llegó el turno a Ari.
La pelirroja se paró frente a la profesora, temblando de pies a cabeza. Estaba terriblemente nerviosa, no solo por el hecho de tener que cantar ahí, sino porque Seto estaba observándola, y le daba pánico cometer algún error.
-Bueno señorita Nagasaki, considerando que es nueva... ¿conoce Dearest?- preguntó la profesora esculcando a la chica con la mirada. Dearest era una canción muy vieja, pero que prácticamente todo el mundo conocía porque la melodía era fácil y la letra era corta. Ari asintió, la había escuchado en la radio durante un tiempo, oyendo una estación de música vieja. La profesora le hizo la seña a Kaiba y este comenzó a deslizar sus dedos por las teclas del piano, produciendo una melodía dulce y hermosa. Ari empezó a cantar. Su voz era tan bella... casi podría equipararse al canto de los mismos ángeles. Al menos eso le pareció a Seto Kaiba, quien no pudo evitar mirar a la chica sorprendido
hontou
ni taisetsu na mono igai subete sutete (Sería lindo si pudiéramos
quitar y tirar)
shimaetara ii no ni ne (todo excepto lo que en verdad importa, pero)
genjitsu wa tada zankoku desonna toki itsu datte (la realidad es cruel)
me o... (En...)
La canción se vio interrumpida por una nota excesivamente aguda del piano y luego un silencio seco y repentino. Kaiba había movido mal un dedo y se le había resbalado, provocando esta conmoción. Esto porque se desconcentró al escuchar cantar a Arika. El ojiazul no pudo evitar ruborizarse ante semejante vergüenza, ¿Él, Seto Kaiba, cometiendo un error? No era algo a lo que estuviera acostumbrado.
-Disculpe, no volverá a suceder- se disculpó el joven volviendo a lo suyo, reiniciando desde el principio de la melodía
hontou
ni taisetsu na mono igai subete sutete (Sería lindo si pudiéramos
quitar y tirar)
shimaetara ii no ni ne (todo excepto lo que en verdad importa, pero)
genjitsu wa tada zankoku desonna toki itsu datte (la realidad es cruel)
me o tojireba (En tales tiempos)
waratteru
kimi ga iruitsuka eien no nemuri ni tsuku hi made (te veo reír cada vez
que cierro mis ojos)
dou ka sono egao ga (Hasta el día en que alcance el sueño eterno)
taema naku aru you ni (ese rostro sonriente tendrá que quedarse conmigo
sin falta)
Ari terminó de cantar y suspiró aliviada.
-Gracias señorita, puede retirarse- anunció la profesora. La chica obedeció en seguida
Por su parte, Seto también suspiró aliviado cuando Ari salió. No entendía porqué había perdido el control y la concentración en ese momento, cuando la escuchó cantar... ¿Porqué le afectaba tanto? ¿Porqué a él, que siempre había sido inmune a toda emoción, a todo sentimiento? ¿Porqué Ari lo ponía tan nervioso y tan tranquilo al mismo tiempo? Eso era una locura. “Listo, es definitivo. Necesito un maldito psiquiatra” pensó desanimado por todos esos pensamientos y sentimientos que se arremolinaban en su interior.
Ari, por su parte, se sentó en una banca a esperar a Kaiba para poder volver a su casa. Aún podía escuchar las notas del piano, junto con distintas voces, interpretando la misma canción. Pasaban las horas y una tras otra iban saliendo las chicas que habían audicionado, la mayoría diciendo cosas como “Desafiné al final” o “Kaiba se ve tan sexy tocando el piano” y una en especial diciendo “¿Viste cómo me miraba? Te dije que quedaría impresionado. Creo que esa tal Nagasaki dejará de llamarle tanto la atención, aunque nunca entendí porqué le llamó la atención una persona tan... simple, tan invisible como esa” por supuesto que esta persona era Minami Minagawa, junto con otras chicas del Blue Dragon que también mostraban señas de haberse peleado con alguien. Minagawa notó la presencia de la pelirroja, por más que esta quiso evitarlo, y le dirigió una mirada de desprecio.
-Hablando de basura...- dijo secamente –Te crees mucho porque te llevas bien con Seto ¿no es así? Pues que te quede claro, él será mío. Yo no soy una simplona como tú, tarde o temprano se dará cuenta de que le conviene más estar conmigo. Y cuando eso pase, él ya no te defenderá. Y tu hermana endemoniada no podrá protegerte como ahora, así que aprovecha el poco tiempo que te queda de vida tranquila- y sonrió triunfalmente al ver la expresión derrotada de la joven arqueóloga –Así que no te acostumbres, porque aquí no te van a mimar como tus papis- lo que Minagawa no sabía era el peso que esas palabras tenían sobre Ari. La chica se levantó furiosa y conteniéndose para no golpearla.
-¡Escúchame Minagawa, tú puedes ser linda, popular, y muy “querida” por todo el mundo, pero eso no te da derecho a insultarme y a tratarme como basura! En general, creo que soy una persona más valiosa que tú, tomando en cuenta que no necesito insultar a los demás para confirmar mi superioridad, no necesito que me cuiden, ni me mantengan, tengo un buen empleo, voy bien en la escuela, y no necesito que mi “papi” me compré un bolso de Louis Vuitton para sentirme feliz. ¡Y déjame decirte que eres la persona más tonta y superficial que he conocido en mi vida! Espero no me obligues a continuar.- vociferó, de modo que su voz hizo eco en los pasillos, haciendo que toda la escuela se diera cuenta.
Minami miró a la chica terriblemente ofendida. Tomó aire como si fuera a decir algo más, pero se calló y se fue de ahí a grandes zancadas. Un grito de júbilo se escuchó por los pasillos, y todos los chicos de los clubs de la tarde se acercaron para vitorear a Arika.
-¡La nueva hizo pedazos a Minagawa!- exclamaban alegremente haciendo que el enojo se le olvidara a Ari, y una hermosa sonrisa cruzara su rostro. Por supuesto que los del coro también salieron a ver lo que sucedía, y todas las chicas, aunque resentidas por la linda relación que la chica llevaba con su adorado Seto, también la vitorearon, como si acabara de derrocar al peor de los tiranos que la humanidad hubiera conocido.
Debido a la conmoción, los maestros dieron por terminadas las clases vespertinas, por lo que todo el mundo se fue corriendo a su casa, dejando la escuela desierta, a excepción de los maestros, y claro, Seto y Ari. Este se acercó a ella por detrás con una inusual sonrisa en el rostro. –De verdad la destruiste- dijo con buen humor –Estaba a punto de salir a decirle que soy dueño de mi propia vida, pero veo que te defiendes bien, a pesar de tu apariencia de chica indefensa- continuó mientras avanzaban hacia el auto –Imagínate... si Minagawa se entera que vives conmigo- comentó alegremente.
Ari también sonrió y se sonrojó, principalmente por el hecho de que él la hubiera llamado “chica indefensa”. En realidad, ella era una persona bastante pasiva, del tinte pacifista. No le gustaban las peleas, los gritos, las disputas, y sufría de una monstruosa hemofobia (miedo a la sangre). Pero había algo en las palabras de Minagawa que había despertado a la fiera dormida, y que había hecho que Ari perdiera el control.
Seto notó que su compañera se quedó pensativa. Él mismo se preguntaba qué había hecho que Ari se enojara de esa manera. Llevaba más de dos semanas de conocerla y nunca la había visto así. Por su mente volvió a pasar lo que había dicho Minagawa. Y recordó un par de palabras que, estaba casi seguro, habían causado semejante explosión “mimar” y “papis”. Recordó la manera en que Ari había remarcado las palabras “mi papi”. “¿Ari tendrá problemas con sus padres? Podría haberse peleado con ellos. O podrían haber... muerto. Creo que eso es lo más probable. Pensándolo bien, no somos tan distintos como creí” pensó el CEO estacionando el auto en la entrada de la mansión.
Sin preguntar nada, los dos jóvenes entraron a la casa, donde ya los esperaba Mokuba.
-¿Ya empezaron las audiciones del coro?- preguntó, acostumbrado ya a que su hermano llegara tarde los días del coro. También sabía que su hermano detestaba ser el pianista de la maestra, puesto que todos los años pedía un pianista a la escuela, la cual siempre se negaba diciendo que carecían de fondos, esto por supuesto que hacía renegar terriblemente al CEO y hacía que llegara de un humor de perros a casa. Por tanto, Mokuba decidió abstenerse de cualquier comentario. -¿Ari audicionó?- preguntó con curiosidad
-Sí pero... no creo quedar... las chicas que participaron tenían voces muy lindas... y yo creo que desafiné mucho...- balbuceó la pelirroja notablemente apenada. Kaiba sonrió al ver que había vuelto a ser la Ari que él conocía: la que no mataría ni a una mosca.
-No digas eso, no estuvo tan mal- la reprochó el castaño de la manera más indiferente que pudo. Sin decir nada más dio la vuelta y abandonó el vestíbulo, en dirección a su oficina para encerrarse ahí unas dos semanas, o al menos eso hubiera hecho si no tuviera clases.
-No le hagas caso, el siempre es así. No es muy expresivo- explicó el pequeño Mokuba viendo el tono rojizo en las mejillas de su amiga –En general no es una persona que de muchas palabras de aliento, así que considérate afortunada- el niño sonrió y logró arrancarle una risita a la joven arqueóloga, quien no tardó en sentir el escándalo de su móvil en su bolsa.
-Arika Nagasaki, ¿diga?- preguntó, acostumbrada a recibir llamadas sobre su trabajo, aunque no hubiera recibido ninguna desde que había llegado a Japón.
-¿De verdad hiciste trizas a Minagawa?- esta vez, para variar, se trataba de su hermana Akira, quien parecía notablemente orgullosa y emocionada por el triunfo de su hermanita sobre esa “bestia fresita” en palabras suyas.
Ari le contó lo que había pasado, para luego ir a su habitación y trabajar en su tarea. Sólo que esta vez no tuvo pretexto para recibir ayuda de Seto, puesto que aquel trabajaba, y ella no tenía tarea de álgebra (cosa realmente rara, o lo sería si hubieran tenido clase de álgebra ese día) Realmente no pasó nada interesante el resto del día, al menos para Ari.
Kaiba terminó su tarea en diez minutos. Una de las cosas que la gente no entendía de Seto Kaiba era porqué se molestaba en ir a la escuela, si sabía más que los maestros. Por supuesto nadie se atrevía a preguntarle. Terminados ya los deberes, el empresario encendió su gigantesca computadora, que lo saludó con la ironía de siempre.
-¿Sabes? Desde que esa niña se mudó aquí te ves un poquitín más alegre, Kaiba- dijo la computadora
El castaño alzó una ceja –No empieces. Limítate a tu trabajo y ya, que no fuiste creada para hacerme la charla- replicó secamente
-Bien, creo que me equivoqué. Por cierto, tienes llamada- en la pantalla apareció la imagen de una chica que Kaiba reconoció a la perfección, y por cierto, no le resultó muy grata.
-¿Qué quieres ahora Nagasaki? Estoy trabajando- dijo molesto mientras veía la imagen de la chica haciendo muecas y gestos, bastantes cómicos, si no hubieran sido una burla hacia el ojiazul.
-¿Supiste que mi hermanita hizo pomada a esa tonta fan tuya?- exclamó la chica con una alegre sonrisa que luego se disipó y se volvió una mirada de furia. -¿Sabes lo que significa? ¡¡Que no la estabas cuidando!!- vociferó echa una furia. Furia claro, en el sentido de Akira Nagasaki, que era, cualquier cosa que sacara de quicio a su víctima, en este caso, Seto Kaiba.
-Estaba en el coro ayudando a la maestra, no podía salirme así nada más- replicó el ojiazul tratando de no darle importancia. Alguna vez había escuchado que nadie puede molestarte si tú no lo deseas, aunque por desgracia para él, Akira era una prueba de lo contrario.
-Vale, te perdono esta vez. Por cierto ¿verdad que mi hermanita canta precioso? Siempre he dicho que tiene una voz maravillosa ¿No lo crees así Kaiba? Pero para qué te pregunto si no sabes nada de música. Bueno hasta mañana Kaiba, rómpete una pierna, y no hablo en sentido teatral- y la chica colgó el teléfono sin decir nada más.
“¿De dónde sacará tanta energía?” se preguntó el joven volviendo a su trabajo.
X-X-X-X Al día siguiente X-X-X-X
Todas las chicas se arremolinaron alrededor del tablón de anuncios, donde estaba la lista de las nuevas integrantes del coro. Ari también se acercó con cierta curiosidad, aunque sin dejar de repetirse que seguramente no había entrado. Se sorprendió bastante al ver el nombre de quien había obtenido el puesto de solista, y no fue la única.
CONTINUARÁ
Nota. La canción "Dearest" es el 4to ending de Inuyasha, es mucho mas larga que el cachito que puse aqui y es muy linda jeje