Capítol
5
En
este mundo no existen las coincidencias,
solamente existe lo inevitable.
Las coincidencias son simplemente los artificios del universo para que cada
uno cumpla su propio destino.
El automóvil negro se detuvo en el estacionamiento de la escuela. No era normal que hubiera automóviles ahí, ya que pocos estudiantes tenían licencia de conducir, pero la escuela había otorgado el permiso a Seto Kaiba para dejar su auto en ese lugar. Como de costumbre, una muchedumbre de alumnos, o más bien, alumnas, rodeó el automóvil esperando que bajara el joven empresario. Estaba acostumbrado a ello pero no por eso dejaba de resultarle una molestia.
Bajó del auto y se abrió paso entre sus fans para llegar a la puerta trasera del vehículo. La abrió y le tendió una mano a la joven pelirroja que lo acompañaba. La ayudó a bajar del auto, ante la evidente sorpresa de todos los presentes. Nadie se imaginaría que Seto Kaiba llegaría a la escuela acompañado, y mucho menos por una chica.
Todas las miradas se clavaron en la joven pelirroja, de ojos azules y piel blanca, vistiendo el uniforme de la escuela. Una chica de cabello rubio y ojos verdes, de mediana estatura, tal vez un poco más alta que la pelirroja, de piel blanca y también uniformada le lanzó una iracunda mirada. El silencio fue roto por una estridente voz femenina, cuya dueña se las arregló para darle una patada al castaño por la espalda.
-Pensé que no te dignarías a aparecer Kaiba- le reprochó la chica de cabello naranja, literalmente “parada” en la espalda del joven.
-Te agradeceré... que te quites de encima...- se quejó este tratando de mantener el control para no levantarse y derribar a la chica. Para su fortuna, la pelirroja jaló del brazo a su hermana para que lo dejara en paz.
Todos los espectadores se notaban terriblemente confundidos. La chica rubia, que antes había mirado con malos ojos a la acompañante del CEO, no contuvo su rabia contra la “agresora”.
-¡Oye! ¿Quién te crees para tratar así a Kaiba?- la reprochó dando un paso hacia la pelinaranja
-Akira Nagasaki, ¿con quién tengo el disgusto?- replicó la chica haciendo uso de su notable poder de “ignorar cualquier crítica y /o queja sobre su persona”. Con esto solo logró que la rubia se encolerizara más aún y empezara a gritarle hasta de qué se iba a morir. Este momento lo aprovechó la chica para pisar disimuladamente al castaño. En cuanto captó su atención le señaló la puerta de la escuela con la mirada como una señal de “saca a mi hermanita mientras entretengo a esta tonta”. Kaiba entendió la señal y se alejó del lugar con disimulo, llevando consigo a Arika.
-¿Está todo bien?- preguntó la pelirroja una vez hubieron entrado al edificio
-Sí, no te preocupes. Me imaginé que habría una reacción así cuando te vieran llegar conmigo. Pero no hagas caso, son solo un montón de bobos que aún no se consiguen una vida propia- sonrió amargamente –En todo caso, como eres de nuevo ingreso tienes que presentarte con el director para ver en qué salón vas a estar y demás trámites. Te acompañaré a la oficina- la guió a través de corredores atiborrados de alumnos que se dirigían a sus salones, hasta llegar a una puerta de cristal esmerilado / del q no deja ver a través del vidrio/ que tenía escrita la palabra “Director” /NA clásico/ -Es aquí. Suerte- sonrió antes de irse.
-Ah, Seto...- lo detuvo ella -¿e-en qué salón estás?- preguntó tímidamente
-En el 2ºA- replicó él –está al fondo de este pasillo- añadió señalando el corredor que estaba a la izquierda.
La joven entró a la oficina mientras Kaiba se dirigía a su salón, que por fortuna estaba vacío, lo que le dio oportunidad de tomar su lugar al fondo del salón, fuera de la vista de los demás, en la penúltima banca que quedaba tapada por una columna. Por una vez agradeció que Akira hubiera estado ahí pues eso significaba que tendría prácticamente todo lo que quedaba de tiempo antes de clases, en completa tranquilidad aunque de todas formas, rogó al cielo que la pelinaranja no quedara en el mismo salón.
Estuvo a punto de sacar su laptop para comenzar a trabajar en su próximo proyecto para su compañía cuando lo aquejó una duda que se había hecho presente desde unos días antes.
“No termino de entender porqué la dejé vivir en mi casa” pensó balanceándose en la silla “Apenas estuvo ahí... una semana, tal vez menos. Tal vez... fue como ¿un método de defensa? Después de todo, en general ella... detiene a la loca de su hermana... como si me protegiera. ¿Habrá sido una traición de mi propio inconsciente? Debo confesar... que había momentos en que... la extrañaba... no sé bien porqué. Me acordaba de su sonrisa... y de la paz que me traía su presencia... es tan raro... desde el primer momento... Ari logró arrancarme una sonrisa. Nunca me había sucedido algo así... con nadie, y menos cuando apenas la acababa de conocer. Es como si... se hubiera convertido en una... dependencia... no sé bien qué me sucede. Con ella puedo sonreír como con nadie y me siento tan tranquilo... con su compañía...” sus pensamientos fueron interrumpidos por el timbre de inicio de clases, y la entrada en tropel de todos sus compañeros. Entre ellos estaban, por supuesto, Yugi Motou y compañía además de la chica rubia de la mañana, que se trataba nada más y nada menos que de Minami Minagawa, presidenta del club de fans de Seto Kaiba, quien inmediatamente se acercó al castaño con una sonrisita.
-Disculpa, ¿me puedo sentar aquí?- señaló la silla que estaba junto a la del joven
-No- replicó el secamente.
-Ah... de-de acuerdo- la chica se dio la vuelta para marcharse pero se detuvo y miró al joven castaño -¿quién era la chica con la que llegaste a la escuela?- preguntó con una sonrisa cínica
Kaiba lo meditó un momento y por su mente se le cruzó una respuesta que le arrancó una sonrisa irónica. Al final no contestó sino que la miró fríamente. En ese momento entró la profesora de Matemáticas por lo que la chica no tuvo más que ir a sentarse en otro lado.
“Y aún así me fascina” pensó resignada a tener que sentarse lejos de Seto pues el asiento de atrás estaba ocupado por Yugi Motou y no pensaba sentarse junto a él.
-Alumnos, buenos días y bienvenidos. Hoy les traigo una noticia. Tendremos dos nuevas compañeras en nuestra clase- anunció la profesora. El joven empresario levantó la vista con algo de esperanza y temor al mismo tiempo –Pasen por favor- sus temores se vieron confirmados al ver a Akira Nagasaki entrar por la puerta del salón, seguida de su hermana que rápidamente se encontró con los ojos zafiro de Seto Kaiba, observándola fijamente desde la penúltima fila. –Ella es Nagasaki Akira- señaló a la pelinaranja –y ella Nagasaki Arika. Ambas vienen de Egipto y estarán con nosotros a partir de ahora- explicó la maestra –Ahora por favor siéntense- había cinco lugares libres. Akira se dirigió decididamente hacia donde estaba Kaiba
-Ni sueñes- murmuró el ojiazul al verla parada junto a su asiento.
-No era mi intención- sonrió ella cínicamente y siguió hasta la última banca. Detrás de Kaiba había un asiento vacío y al lado estaba Yugi. –Permiso- dijo la chica cortantemente. El pequeño dudó un momento –No te pregunté- le espetó con lo que al joven de cabello tricolor no le quedó otra que dejarla pasar. –Akira Nagasaki. Mucho gusto- le tendió la mano a su compañero
-Ah... Yugi Motou- replicó este estrechándole la mano algo dudoso.
Arika, por su parte, pensó en sentarse cerca de su hermana y vio que el único sitio cercano era el que estaba junto a Seto. Se acercó tímidamente hasta él -¿P-pue-puedo?- tartamudeó. El joven se levantó y le acomodó la silla para que pudiera sentarse. –Gra-gracias- murmuró sonrojándose.
Al otro lado del salón, un par de ojos verdes se fijaron en la pelirroja derramando ira.
El resto del día transcurrió normalmente. Extrañamente, Kaiba terminó comiendo el almuerzo con las hermanas Nagasaki, lo cual le costó que Akira le disparara una catapulta de pastel de chocolate directo a su uniforme limpio. En esta ocasión, el joven no se quejó en lo absoluto, sino que siguió charlando con Arika con normalidad. Por supuesto que no se dio cuenta de que estaba siendo observado por tres pares de ojos.
-¿Qué se cree esa Nagasaki para llevarse tan bien con él?- masculló iracunda una joven rubia de ojos verdes –Y la otra no hace más que molestarlo. Me hacen rabiar-
-Oye Minami, ¿la de pelo naranja no es con la que te peleaste esta mañana?- le preguntó otra chica de pelo castaño rojizo y rizado hasta los hombros, de ojos azules y piel morena clara.
-Esa atrevida. No sabe con quién se está metiendo- Minagawa apretó los dientes mientras miraba a Akira que acababa de arrojarle otra bala de pastel que en esta ocasión no acertó en su blanco.
-Me revienta esa Nagasaki- añadió otra chica de cabello corto y negro, de ojos castaños y piel blanca. Era la más alta de las tres y llevaba el uniforme de educación física – con su cara de “pobrecita niña inocente” debe ser una bruja que ha embrujado a Seto... sí eso debe ser... no puede haber otra razón para que se lleve tan bien con él...-
-¿Qué piensas hacer al respecto Rika?- preguntó la chica de cabello rizado
-Vamos a enseñarle a no meterse donde no le importa. Le daremos una lección que nunca olvidará-
Su conversación fue interrumpida por una piedra que casi le arranca la oreja a Rika. Las tres chicas soltaron un grito.
-¿Qué fue eso?- preguntó Ari mirando en dirección a los arbustos de donde provino el grito
-No te preocupes. Es que vi algo que se movía, pero debieron ser pájaros- replicó Akira, quien había lanzado la piedra.
Las clases dieron comienzo nuevamente y todo siguió normalmente hasta que, en un momento determinado del día, Kaiba sintió que “algo” derribaba su silla con todo y mesa haciéndolo caer de bruces al suelo, y provocando un escándalo que llamó la atención del salón entero. Olvidando que se encontraba en la escuela, el joven Kaiba perdió totalmente los estribos.
-¡¡¿Te has vuelto loca! ¡¡¿Podrías por un momento estarte tranquila y dejar de molestarme!- estalló levantándose con dificultad
-Vamos Kaiba, no me digas que te dolió un golpe que te dio una niña. Además, yo no tengo la culpa. Yo no te obligué a sentarte frente a mí- replicó la chica con calma total
-¡¿Existe-alguna-manera-de-que-dejes-de-ser-tú-por-solo-veinte-segundos!-
-¿Algún problema joven Kaiba?- preguntó el profesor que impartía las clases de Historia.
-Ninguno profesor, sólo que Kaiba no aguanta ni una patada- explicó Akira con normalidad
El castaño ahogó un grito de rabia. Si en la casa era insoportable, en la escuela estar con Akira sería su perdición.
-Me hacen el favor los dos de ir a la oficina del director y le explican lo sucedido aquí ¿de acuerdo?- el maestro les abrió la puerta del salón como señal para que se marcharan.
Sin decir palabra, ambos abandonaron el salón de clases.
-Apuesto que es tu primera nota de mala conducta ¿eh Kaiba?- se burló Akira parándose frente a la puerta de la oficina, pues el director estaba en junta y se tardaría un rato en atenderlos.
-Te ganarás una buena reputación entre los maestros si en tu primer día ya te metiste en problemas dos veces- replicó él controlándose finalmente
-¡Bah! Siempre he sido así. En general soy como la buscapleitos de cualquier escuela a donde voy. Aunque antes era como la policía escolar si me entiendes. Quiero decir, me agarraba a golpes con los buscapleitos, y siempre les gané... jeje- sonrió maliciosamente
-¿Puedo preguntar de cuántas escuelas te han expulsado?-
-De ninguna. A los profes les conviene que haya un espanta-buscapleitos, y eso es lo que siempre he hecho.- sonrió –pero eso realmente no me importa. Más bien hay algo que quiero preguntarte-
-¿Qué cosa?-
-¿Te gusta Ari?- preguntó con una sonrisita inocente y malvada
-¿Porqué te interesa saber?- replicó él
-¿Significa que sí?-
Kaiba se calló, no sabiendo que decir. Sentía un enorme aprecio por Ari, no podía negarlo, pero llegar a que le “gustara Ari” ... no se había planteado la pregunta antes. Disfrutaba su compañía, se sentía a gusto estando con ella y admitía que tenía muchas cualidades. También que le enternecía su timidez y que realmente le parecía un chica bastante linda.
“¡No! ¿Qué estoy pensando? ¿Cómo podría llegar a gustarme?” pensó sacudiendo la cabeza involuntariamente.
En ese momento, el director los llamó a pasar.
X-X-X-X-X-X-X-X
A la salida de clases, Arika se había topado con una chica de cabello negro y ojos castaños, que cursaba el tercer año de preparatoria y era notablemente más alta que ella. La chica se presentó como Rika Askaura y le indicó que la siguiera pues había algo que quería hablar con ella en un sitio menos “poblado”. Ari la siguió hasta el patio trasero de la escuela, que más bien era un basurero enorme con algunos árboles alrededor. La reja daba a un callejón, por lo que casi nadie pasaba por ahí, y menos los alumnos.
-¿Qué... sucede?- preguntó la pelirroja algo asustada.
De entre los árboles salieron otras dos chicas. Una de ellas era Minami Minagawa y la otra una chica de cabello ondulado color castaño rojizo y ojos azules, le piel morena clara y era un poco más baja que Minagawa.
-¿Qué?- las tres chicas avanzaron lentamente hacia ella dejándola de espaldas contra la pared.
-¡¿Sabes quiénes somos!- le gritó Rika
-N-no-
-Motoko Kinoshita, de 2ºD, asesora del club- señaló a la chica de cabello ondulado –Rika Askaura, de 3ºC, vicepresidenta- se señaló a sí misma –y Minami Minagawa de 2ºA presidenta de Blue Dragon, club de fans de Seto Kaiba- señaló a la rubia
-Ah... yo... no entiendo...-
-¡No te hagas la que no sabes! ¡¿Con qué derecho te llevas tan bien con Seto! ¡¿Con qué derecho vienes con él a la escuela, te sientas con él en el salón y en la comida! ¡¿Con qué derecho te sonríes con él!- le espetó Motoko Kinoshita
-Yo solo...-
-¡Ahora te enseñaremos a no meterte donde no te importa!- Rika Askaura se acercó más a ella y le tiró una bofetada
-¡Si quieres que te vaya bien, más te vale que no le digas de esto a nadie!- Motoko le abofeteó la otra mejilla.
-¡Y sobre todo... No vuelvas a acercarte a Seto!- Minami le dio un golpe en el estómago, haciéndola caer de rodillas al suelo. Estaba a punto de golpearla en la cabeza cuando fue interrumpida
-¡Oigan!- Ahí, parado, con sus ojos azules chispeando de rabia, estaba el mismísimo Seto Kaiba.
-S-se-seto- balbuceó Minagawa alejándose de la pelirroja al igual que sus dos compañeras.
-¡¿Quién les dio derecho a decidir con quién llego a la escuela, con quién me siento y con quién me llevo bien! ¿Quién les dio permiso a utilizar la violencia para resolver un problema, y sobre todo, cuando el problema es conmigo y no con ella. No quiero volver a enterarme de algo así o las reportaré de inmediato. Y si acaso les molesta si me llevo bien con alguna persona, me lo dicen a mí y me lo dicen en mi cara. ¿quedó claro?-
-S-s-sí... Seto nosotras…-
-Kaiba para ti- el ojiazul la miró con frialdad –Lárguense- les ordenó. Las tres chicas salieron corriendo sumamente avergonzadas. El CEO se arrodilló junto a Arika y la ayudó a levantarse -¿Estás bien?- preguntó
-Sí, no te preocupes. Sólo... me duele un poco el estómago...- respondió con los brazos alrededor de su vientre adolorido –Gracias, por salvarme-
-No tienes que agradecerlo. Hice lo que cualquiera hubiera hecho. Además, no podía permitir que te lastimaran- sonrió ayudándola a caminar –y mucho menos por culpa mía. Será mejor que nos vayamos a casa para que te recuestes y descanses-añadió al ver que realmente le costaba mucho trabajo respirar. Con dificultad llegaron al auto, la ayudó a subir y arrancó casi inmediatamente.
Por su parte, cuando Yugi llegó a su casa encontró un montón de cajas en el suelo y a su abuelo bajando con una caja más por las escaleras.
-Abuelo, ¿qué está pasando?- preguntó el chico ayudándole a bajar la caja
-¿Recuerdas que te dije que rentaríamos la habitación de las cajas? Pues al fin llegó alguien que quería rentarla. Por eso tengo que sacar todas las cajas y más tarde me ayudarás a bajarlas al sótano- explicó el anciano notablemente contento
-¿Y... la persona que rentó la habitación...dónde...?-
-¡Creo que esta es la última caja señor Motou!- exclamó una chica bajando por las escaleras con una gran caja en las manos -¡Ah! ¡Motou! Por eso me sonaba el apellido- se sorprendió la chica al verlo
-¿Nagasaki?-
CONTINUARÁ