Capítol 7

En este mundo no existen las coincidencias,
solamente existe lo inevitable.


Las coincidencias son simplemente los artificios del universo para que cada uno cumpla su propio destino.

 

-¡¡KAIBAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!- se escuchó una voz desde el exterior y sonaba francamente furiosa. No habían pasado ni dos segundos cuando Kaiba ya estaba en el suelo con una chica aplastando su rostro con el pie.

-¡Akira!- exclamó Ari sorprendida -¿Qué...? Bájate de ahí, no lastimes a Seto- añadió poniendo cara de “por favor”

Akira resopló con fastidio pero se quitó de encima del castaño. En cuanto este se puso en pie, la chica lo señaló acusadoramente con el dedo índice

-¡Explícame por qué razón me dicen que a mi hermanita la golpearon unas locas que se hacen llamar tu club de fans! ¿No te advertí que si algo le pasaba a mi hermanita por culpa tuya lo lamentarías? ¡Pues bien, no pienso perdonarte por esto Kaiba!- por primera vez, Kaiba notó que Akira estaba REALMENTE molesta y no la culpaba, él también se pondría así si alguien lastimara a Mokuba

El CEO se sacudió el polvo ocasionado por la caída, al que ya se había acostumbrado, y suspiró. Le ofreció una silla y se sentó en otra él mismo.

-Bien... primero te aclaro que yo no tuve nada que ver con esto. Yo no envié a esas dementes a atacar a Ari, en principio porque no tengo razón para hacerlo, además, no soporto a esas niñas. Ni siquiera les dirijo la palabra- aseguró Seto –Aunque sí soy un poco responsable por lo que pasó, ya que ellas... atacaron a Ari porque la vieron conmigo. Esa es la razón pero te aseguro que no tuve nada que ver- explicó aunque sabía que eso no le bastaría a la joven arqueóloga para irse.

-¿Y? ¿Eso a mí qué? El punto es que TUS fans golpearon a MI hermanita, la lastimaron y se aprovecharon de ella ¿y esperas que me quede con los brazos cruzados? Estás muy equivocado Seto Kaiba, si crees que no voy a hacer nada al respecto. Lo primero, ya que MI hermanita está viviendo en TU casa, TÚ estás encargado de cuidarla y si vuelve a pasar algo como esto TE-A-SE-SI-NA-RÉ. Segundo me vas a decir dónde encuentro a ese trío de tontas que se atrevieron a meterse con MI hermanita para que les enseñe a no aprovecharse de MI hermanita- sentenció Akira con firmeza. Se levantó de la silla y se sentó en la cama junto a Arika –No te preocupes hermanita, yo te cuido- bromeó abrazándola con fuerza, casi sacándole el aire.

-Si quieres encontrarlas... puedes verlas en la escuela mañana, ya que no tengo ni el más mínimo conocimiento de dónde viven o algo parecido. Ahora con tu permiso, tengo bastante tarea que hacer y estoy seguro que tú también, así que...- comenzó Kaiba guardando esa serenidad que lo caracterizaba, haciendo caso omiso de las muecas y gestos que recibía de Akira.

Esta se levantó tranquilamente y salió de la habitación sin decir nada, dejando a los otros dos completamente perplejos. El que Akira se fuera así como así, sin protestar ni decir nada era algo francamente inusual o incluso sobrenatural. Kaiba incluso llegó a pensar que la persona que estaba viendo no era la verdadera Akira Nagasaki.

-Esa no es tu hermana...- comenzó a decir el castaño pero segundos después se escuchó como una explosión desde el vestíbulo, entre gritos y el sonido de algo rompiéndose –Era demasiado bueno para ser verdad- suspiró decepcionado. Se levantó y salió de la habitación. Atravesó el extenso corredor hasta la escalera principal y bajó al vestíbulo, donde estaban Akira y Mokuba tratando de ocultar una pieza de porcelana hecha pedazos, que al parecer había sido un plato blanco con bordes azules y en el centro una pintura de una góndola en Venecia a la luz del atardecer, una de las piezas favoritas del joven Kaiba hasta ese momento.

-¡Ups, Fue un accidente lo juro hermano- justificó Mokuba recogiendo los últimos pedazos –Akira-chan no tuvo la culpa- aseguró

Seto movió la cabeza reprobatoriamente y se cubrió los ojos con una mano “O soy muy bueno, o muy tonto por no cobrarle todos los destrozos que ha hecho en mi casa... creo que sólo estos tres días me han salido más caros que los últimos seis meses” pensó mientras barría los pedazos del plato. No tuvo otra que tirarlo todo a la basura –Era de mi primer día en Venecia- suspiró con tristeza –Nagasaki... pensé que ya te habías ido- agregó al ver a la chica hurgando su alacena. La miró mientras sacaba una barra de chocolate, abría la nevera y sacaba un pedazo de pastel de vainilla, partió la barra de chocolate en pedacitos y lo esparció sobre el pastel y finalmente, se sentó a la mesa a comer.

-¿Estás loco? Muero de hambre, me acabo de cambiar de casa y tuve que mover un montón de cajas. Y qué mejor forma de conseguir comida que robársela al gran Seto Kaiba ¿no? A mí me divierte. Además, me la debes, por lo que le hicieron a Ari- explicó la chica. Rápidamente se devoró el pastel y dejó el plato sucio en el trastero –No esperes que lo lave- añadió sonriendo sádicamente

“Sabía que no lo haría” pensó Kaiba

-Oye Kaiba... ¿porqué no confiesas... que te gusta Ari?- preguntó la chica sacando otra rebanada de pastel del refrigerador, utilizando un plato diferente pues sabía que a Kaiba le tocaba hacer la limpieza ese día.

El castaño no contestó, solo se aflojó el cuello de la camisa pues por un momento sintió que le faltaba el aire, por la pregunta de Akira tal vez, pero no entendía porqué. Lo ponía nervioso hablar del tema y no sabía la razón. Sintió que algo en su pecho se aceleraba, ¿su corazón? No recordaba que su corazón le hubiera enviado mensajes en mucho tiempo. Pero él era Seto Kaiba y no había situación que no pudiera manejar así que hizo caso omiso de este inicio de taquicardia hasta que se detuvo.

-¿Y bien?- insistió Akira con una mirada aún más sádica que antes

-La considero una persona menos fastidiosa que tú- se limitó a decir el castaño levantándose

-Otra cosa Kaiba, No quiero que perviertas a mi hermanita-

Kaiba alzó una ceja con curiosidad.

-No pongas esa cara. ¿Qué hacías con ella en la recámara? El que tú seas un sucio pervertido no quiere decir que mi hermanita lo sea. Ella es una niña pura, virgen e inocente que todavía cree en la cigüeña y en Santa Claus y no quiero que la eches a perder- le advirtió la arqueóloga

-¿Pura e inocente?- comentó Kaiba irónicamente –No entiendo como puede serlo si ha vivido contigo toda su vida- murmuró para sus adentros mientras subía por las escaleras hasta llegar a la habitación. Arika estaba muy concentrada haciendo su tarea, azotándose con el cuaderno de vez en cuando

-¿Qué te sucede? ¿Te sientes bien?- preguntó preocupado, tomándola por la muñeca para que dejara de golpearse

-¡Odio el álgebra!- se quejó la chica sin notar este último gesto. En cuanto se percató del mismo se sonrojó a más no poder –S-se-se-seto...- tartamudeó avergonzada.

Cuando él notó lo mismo, se sonrojó también y la soltó inmediatamente –Ah... yo... lo siento... disculpa...- balbuceó –Este... si-si quieres te puedo ayudar... con lo de álgebra quiero decir... a mí... bueno... no me cuesta tanto trabajo...- atinó a decir

La chica sólo agitó la cabeza afirmativamente, demasiado apenada como para articular palabra. Sin decir nada, Seto tomó el cuaderno y lo miró rápidamente, ocultando su rostro sonrojado detrás del mismo. Se mantuvo así hasta que se le bajó el color de la cara y tomó un lápiz. Hizo unas cuantas anotaciones y le devolvió el cuaderno

-No tienes tantos errores, sólo que no estás haciendo bien la comprobación, al menos eso me imagino porque a excepción de estos dos- le señaló un par de ecuaciones –lo demás está bien- añadió tranquilamente sacando su propia tarea para terminarla. Se sentó junto a la cama y en poco tiempo ya había terminado. Volvió a guardar el cuaderno y sacó su libro de Historia.

-Eres muy bueno en los estudios Seto. Me impresionas- comentó la pelirroja batallando aún con las ecuaciones que tenía mal

Él sonrió extrañamente, sintiéndose bastante halagado con el comentario. Era extraño, no acostumbraba sentirse “halagado” por más cumplidos que le dijeran –Gracias. No es gran cosa, siempre he tenido facilidad con esto. La verdad sólo voy a la escuela porque Mokuba me convenció... y la verdad... para probarme a mí mismo también- confesó él. Le resultaba tan extraño. Él, Seto Kaiba, que jamás se había abierto tanto ante nadie, ni siquiera su hermano Mokuba, tal vez aún ante sí mismo no había sido completamente sincero. Y sin embargo, ahora, se abría totalmente ante esa persona a la que apenas conocía. Definitivamente, o se estaba volviendo loco o le urgían unas vacaciones.

-¿Seto? ¿Estás bien?- Ari le sacudió la mano frente a los ojos, tratando de sacarlo de su trance. Él parpadeó un par de veces y sacudió la cabeza

-Estoy bien, sólo me quedé pensando- aseguró él volviendo a su lectura. Ambos guardaron silencio por varios minutos, concentrándose cada uno en lo que estaba haciendo. Considerablemente se puede decir que Kaiba iba mucho más rápido que Arika, tal vez porque cometía menos errores o porque le resultaba mucho más fácil. El caso es que cuando Kaiba ya había terminado toda la tarea, Arika apenas empezaba la de Historia, aunque su estado de ánimo había mejorado considerablemente. Kaiba notó esto mientras guardaba sus libros. Arika leía el libro de Historia con una sonrisa en el rostro. -Te gusta mucho la historia ¿verdad?- preguntó con curiosidad

Ella sonrió y asintió –Soy arqueóloga ¿qué esperabas?- comentó irónicamente –Aunque al paso que voy, no terminaré nunca. Me gustaría ser tan inteligente como tú. Así terminaría rápido la tarea y podría dedicarme a leer el libro de historia tranquilamente- la pelirroja no pudo contener una risita

Kaiba sonrió también, era inevitable, ella sacaba ese lado de sí mismo que no había conocido más que con Mokuba, inclusive, se sentía más tranquilo con Ari. ¿Porqué? Imposible saberlo. Tal vez por su sinceridad, esa costumbre de decir siempre la verdad, o su inocencia, o esa manía de no equivocarse en frente de él.

-¿Seto? Otra vez te quedaste... raro- preguntó ella tocándole suavemente el hombro como para sacarlo del trance.

Seto volvió a sacudir la cabeza y se rió un poco –Lo siento, es que últimamente he estado pensando en muchas cosas. Sólo eso- aseguró. Echó una ojeada a su reloj y su semblante cambió a uno alarmado -¡Diablos! Llegaré tarde al trabajo- murmuró levantándose de golpe caminando hacia la puerta –Disculpa, no podré ayudarte más por hoy. Llegaré tarde así que no me esperen a cenar- añadió –Y cualquier cosa llama a Mokuba ¿si?- dijo ya con un pie afuera

Ella asintió un tanto confundida –Ve con... cuidado- atinó a decir cuando Kaiba ya se había ido. Minutos después Akira entró a la habitación estrepitosamente

-Así que ese tonto te abandonó, me las pagará- exclamó la chica poniendo ojos de pistola

Arika solo se rió un momento y continuó con su lectura. Su hermana no tardó en unírsele, leyendo por encima del hombro de la pelirroja. Después de una aproximada media hora, Akira decidió romper el silencio

-¿Sabes? Le pregunté a Kaiba si sentía algo por ti- dijo tranquilamente como si se tratara de cualquier cosa

Arika se puso totalmente pálida, luego totalmente colorada y arrojó su libro para algún lado por la pura sorpresa .¡¿QUÉ HICISTE QUÉ!- el grito se escuchó por toda la mansión haciendo un eco que resultaba escalofriante

-Eso. Le pregunté si le gustabas- replicó su hermana encogiéndose de hombros, dando clara evidencia que no veía el porqué de tanto escándalo

Arika suspiró tratando de relajarse un poco. Tal vez había exagerado mucho con su reacción pero no podía evitar sentirse incómoda al saber que su hermana hacía preguntas por ella, y menos ESE tipo de preguntas –Y... ¿Q-q-qué te dijo?- preguntó agachando la cabeza para que no se le notara el sonrojo

-Dijo que eres una persona menos fastidiosa que yo. Pero estoy segura de que se muere por ti porque se tardó mucho en contestar. También estoy segura de que si tú le dijeras algo... su respuesta cambiaría un poco- dijo pícaramente, poniendo énfasis en la palabra “algo”

Arika sacudió la cabeza y se tapó el rostro con una almohada –No digas incoherencias, cómo crees que le voy a decir que yo... ¡Es una locura!-

Akira suspiró –Bien, cómo quieras. Yo no diré nada te lo prometo- la chica salió de la habitación con un extraño brillo en los ojos. Bajó a la sala donde Mokuba hacía su tarea. –Y bien Moku-chan ¿cómo le haremos para que terminen juntos?- preguntó alegremente comiendo un pedazo más de pastel

El niño sonrió –Pues... Ari-chan ya confesó que quiere a Seto... pero con Seto será más difícil... él es muy frío, le cuesta mucho sentir algo más que desprecio por una persona, ya no digamos admitirlo-

-Hummm... Ari jamás le confesará a Kaiba que lo quiere... y Kaiba jamás admitirá ante sí mismo que quiere a Ari... qué difícil... prefiero el álgebra- suspiró apoyando su cabeza en la mesa

Los dos suspiraron hondamente

-Bueno- dijo Akira finalmente con decisión –Esta es una misión que solo nosotros podemos realizar... ¡Tengo una idea!- le susurró algo al oído a Mokuba quien sonrió maliciosamente

-¡Que empiece la operación “Empresario preocupado”!- exclamaron ambos al unísono

CONTINUARÁ