Capítol
8
En
este mundo no existen las coincidencias,
solamente existe lo inevitable.
Las coincidencias son simplemente los artificios del universo para que cada
uno cumpla su propio destino.
A la mañana siguiente, con un sol desesperantemente abrasador y deslumbrante, y un cielo azul, tan azul como se puede imaginar y sin una sola nube, Seto Kaiba estacionó su automóvil a unos metros de la preparatoria, esperando evitar la escenita del día anterior. Salió del auto y ayudó a su compañera a bajarse del mismo. Fueron juntos hasta el salón, sin ningún contratiempo porque sus compañeros seguían esperando el auto en el estacionamiento, por supuesto que nunca llegó, pero ellos lo esperaron hasta que empezaran las clases. Por desgracia, esa tranquilidad no les duró mucho a los dos recién llegados, ya que no habían terminado de entrar al salón cuando un pie se estrelló en la cara de Seto y lo lanzó hasta la pared del corredor.
-¡¡Deja de hacer eso, maldita sea!!- vociferó frotándose el rostro, donde seguía marcada la huella de la bota de Akira Nagasaki.
-¿Cómo esperas que me divierta si no lo hago?- sonrió la chica burlonamente entrando nuevamente al salón de clases.
Ari se acercó a él y lo ayudó a ponerse de pie. Él se acomodó el uniforme y, después de agradecerle, volvió a entrar al salón detrás de ella. Se sorprendió mucho al ver a Yugi Motou y a su amigo Joey Wheeler charlando animadamente en una esquina.
“Qué raro que llegaran tan temprano” pensó sentándose en su sitio, ignorando a sus compañeros. Como era su costumbre, sacó su laptop para aprovechar los minutos antes del inicio de clases, pero su tranquilidad se vio interrumpida por una vocecita bastante molesta a su lado.
-Oye Kaiba... ¿Alguna vez has escuchado sobre Trabajohólicos Anónimos?- preguntó Akira burlonamente, recargándose en el respaldo de la silla del empresario
Por un momento, Kaiba pensó en no contestar a esa provocación. ¿Qué sentido tendría? Sólo se acarrearía más molestias, pero la sola sensación de la mirada de la chica detrás de él le resultaba insoportable así que se volteó a verla para responder brevemente –Creo que el término que buscas es “Adictos al Trabajo” y no, nunca los he oído nombrar- para luego volver a su trabajo.
-Yo tampoco pero deberían fundar uno, para gente como tú- volvió a burlarse la chica -¡Oye Motou! Pásame la tarea de álgebra- dijo imperativamente plantándose frente a Yugi, que seguía hablando con Joey.
-Pero estuve tres horas explicándote eso ayer- el chico la miró perplejo, recordando el trabajo que le costó explicarle cómo hacer una simples sumas de polinomios, un repaso de cosas que aprendes en la secundaria.
-Perdón, mientras me explicabas me volví sorda y me puse a garabatear mi cuaderno- dijo con una sonrisa malvada. El chico suspiró amargamente.
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Rika Askaura había encontrado una extraña nota en su casillero en el que la citaban a ella, a Motoko Kinoshita y Minami Minagawa, las representantes del Club de Fans de Seto Kaiba, a ir al patio trasero de la escuela para discutir un par de asuntos. Rika, pensando que podía tratarse de una posible nueva integrante, no dudó en acudir con sus compañeras a la cita.
Llegaron puntualmente al patio trasero, listas para recibir a cualquier chica, siempre y cuando se apegara a las estrictas normas del Club. Sin embargo, y contra todas sus propias expectativas, encontraron ahí a una chica de cabello naranja y ojos azules. La sonrisa macabra que dibujaba en su rostro dejaba más que claro que no tenía ninguna intención de unirse al club.
-Dicen las malas lenguas... que ustedes, trío de tontas, se atrevieron a herir a mi hermanita. Quiero pensar que mienten pero... por desgracia mis fuentes son muy de confianza así que... –comenzó burlonamente mirándose las uñas –tienen treinta segundos para arrodillarse y suplicar clemencia- sentenció.
-Nagasaki...- murmuró Rika Askaura con odio –Esa niña merecía lo que le hicimos. Eso le pasa por acercarse demasiado a Seto- dijo como si esto fuera algo obvio y que todo el mundo debía saber
-Sólo por curiosidad... ¿Alguna vez le preguntaron a Kaiba si necesitaba que lo protegieran... o si le molestaba que Ari estuviera cerca?- preguntó Akira con desprecio.
Las tres chicas se miraron unas a otras, mostrando que evidentemente jamás habían pensado en eso. Luego miraron a Akira con un desprecio aún mayor y Rika, con chispas de rabia en los ojos, se lanzó contra la joven arqueóloga, con el puño preparado para golpearla, sin embargo...
Cual si fuera en cámara lenta, las otras dos chicas vieron a su compañera caer inconsciente al suelo, con el ojo amoratado y un par de gotas de sangre brotando de su nariz, justo detrás de Akira, que apenas mostraba un raspón en la mejilla.
-Qué débil- murmuró con una sonrisa maligna –Ahora... ¿quién sigue?-
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Llegada la hora de la salida, Akira llamó a su hermana para que fuera a su casa para revisar unas fotografías que le había mandado Bill. Ari aceptó alegremente la invitación y le avisó a Kaiba que llegaría un poco tarde. Debido a esto, Kaiba tuvo que irse solo a casa.
Llegó a su mansión y Mokuba ya estaba ahí. Como era de esperarse, el pequeño preguntó inmediatamente por Ari. Seto le explicó el asunto, y aunque el niño se decepcionó un poco, también se emocionó de pensar que si descubrían algo nuevo sería de los primeros en enterarse.
Kaiba se rió un poco. La expresión ilusionada de Mokuba era bastante divertida. Una vez que su hermanito salió a hacer la tarea, el joven empresario se encerró en su oficina para hacer lo propio. Sin embargo, no podía evitar distraerse de vez en cuando, recordando el día anterior. Por momentos, le daba la impresión de escuchar a Ari llamándolo desde el comedor.
-Ya me está dando paranoia...- se dijo un poco divertido. Era sorprendente lo mucho que se había acostumbrado a la presencia de Ari en la casa. Por momentos sentía que la mansión estaba demasiado vacía o callada. Llegó a sentir que echaba de menos a la pelirroja –Ridículo- se dijo a sí mismo sacudiendo la cabeza –Si no se ha ido para siempre, sólo un rato-
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En la casa Motou, las cosas estaban de cabeza. No porque Akira tuviera intención de hacer males, sino que estaba brincando, gritando y dando tumbos por toda la casa, en medio de la desesperación de no encontrar las fotografías que la habían tenido de excelente humor toda la mañana.
-¡Las dejé aquí! ¡ ¡Estoy segura!- gritaba histéricamente arrojando cosas por todos lados. En cuanto se cercioraba de que no estaban en ese lugar de la casa, corría como una loca hasta la siguiente habitación y volvía a arrojar las cosas desesperada. En más de una ocasión, alguno de los habitantes estuvo a punto de ser aplastado por un sillón volador o arrollado por una nevera con complejo de golondrina.
Este maremoto de muebles volantes duró aproximadamente una hora, y para cuando terminó, la casa de la familia Motou no tenía pies ni cabeza, pues el refrigerador terminó en el baño y el sofá en la cocina, entre otros muchos desastres que no da tiempo de relatar por ahora.
El caso es que las dichosas fotografías estaban metidas debajo de la estufa, por lo que, para ser encontradas, fue necesario arrojar la estufa de forma que quedó en la habitación de Yugi. ¿Cómo llegaron las fotografías debajo de la estufa? ¿Cómo llegó la estufa desde el primer piso hasta la habitación del tercer piso? Probablemente nunca lo sabremos, pero de que llegaron, estamos totalmente seguros.
Una vez terminado el reacomodo de la casa entera (más o menos a las ocho de la noche), pudieron las dos hermanas sentarse a revisar las fotografías que fueran enviadas por sus compañeros desde Egipto.
-¿Y cuál es el problema con las fotos? ¿Porqué nos las enviaron?- preguntó Arika inspeccionando la primera fotografía, en la que se mostraban un par de artículos encontrados en una excavación previa. Entre ellos se veían un par de aretes de oro y un cinturón con incrustaciones de esmeraldas. –Todo esto ya lo revisamos desde hace tres meses, ya no hay nada que decir- dijo
-Honestamente, todas las fotos son de esa tumba, solamente una es nueva. Le pedí a Khufukhaf que me mandara las viejas para tener un pretexto para recibir la paga del mes. Ya sabes como son los jefes, si no trabajas, no hay pan. Y nuestras investigaciones aquí no han sido muy fructíferas así que comprenderás...-
-Y eso... ¿no es trampa?-
-Noooooo, porque estamos investigando, solo que no hemos encontrado nada-
Arika suspiró, pero sabía que su hermana tenía razón. Ellas no habían ido a Japón de vacaciones, estaban haciendo una investigación muy importante. Por desgracia, aún no habían encontrado nada de lo que buscaban, y si no mostraban algún avance, no les darían el financiamiento para quedarse en Japón y tendrían que volver a Egipto. La chica tomó una fotografía que no le resultaba familiar y sonrió.
“Esto nos ayudará con esta pequeña búsqueda” pensó mirando la foto con una lupa
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Aproximadamente a las 2 de la mañana, en la mansión Kaiba, una silueta se deslizó hasta el vestíbulo y encendió una lámpara de pantalla, localizada en una mesita cerca de la puerta. La silueta se sentó en un sillón junto a la mesita y encendió un cigarrillo. Miró nerviosamente el reloj.
“Son las dos de la mañana y no ha llegado ni ha llamado. ¿Le habrá pasado algo? ¿Debería llamarle?” pensó el joven mirando de reojo el teléfono. Tras varios minutos de pensarlo, tomó el teléfono y marcó un número. Sin embargo, la única contestación que recibió fue una grabación que decía: “El número que usted marcó no está disponible, Por favor, intente más tarde” Colgó el teléfono con fastidio. –Debe tenerlo apagado- murmuró soltando una bocanada de humo. Volvió a tomar el teléfono y marcó otro número. Esta vez, le contestaron casi de inmediato.
-¿Diga?- preguntó una voz femenina y cansada al otro lado de la línea
-Habla Seto Kaiba- replicó el joven con frialdad, reconociendo la voz que había contestado
-¡ ¿Kaiba! ¡ ¿Cómo se te ocurre llamarme a esta hora! ¡Voy a matarte!- gritó la chica, notablemente molesta
-Ari no contesta el celular- la cortó el ojiazul, quien se encontraba igualmente cansado y sin ánimos de discutir.
-¿Y para qué la llamas al celular? ¿No está en tu casa? Ya sé que está grande la mansión, pero si quieres pedirle algo, es más fácil ir hasta su cuarto. Además, ya es tarde, espera hasta mañana-
-¡Ari no ha llegado, Nagasaki!- vociferó Kaiba a punto de perder el control -¡ ¿Crees que estaría despierto a esta hora perdiendo mi tiempo llamándote si ella estuviera aquí! ¡Lo único que quiero preguntar es si ella está contigo!-
-¿Cómo? ¿No ha llegado?- la voz del otro lado se oía asustada y preocupada –No es posible. Kaiba, Ari no está aquí. Salió hace más de tres horas-
CONTINUARÁ