
Capítol
7
Así transcurrieron dos semanas sin ninguna novedad. Cierto día, Yami se levantó tras una noche de casi no dormir, pues un único pensamiento se había apoderado de su mente, un solo cuerpo, una sola voz, una sola persona.
-Hace días que me pasa esto... quisiera comprenderlo pero... me resulta imposible... es algo que nunca había sentido... Una necesidad... casi una obsesión... necesito aclarar mi mente...- murmuró para sí -La verdad... ni me quiero levantar... pero... necesito saber qué me pasa... últimamente invade mis sueños y mis pensamientos... realmente necesito saber... qué está pasando conmigo... Je, ahora hasta hablo solo... o me estoy volviendo loco o se nota que no tengo amigos /chiste de mi y mi nee-chan/ -Es temprano, todavía no sale el sol... siento esta necesidad... esta urgencia de verla... eso haré...tal vez así encuentre la respuesta...-
Se levantó y atravesó la puerta que daba a la habitación contigua. El cuarto estaba impecablemente limpio. Por obra de la casualidad, un tenue rayo de luna se coló por las cortinas blancas iluminando el lecho. Ahí descansando se veía la figura de una joven. Su rostro mostraba una inmensa serenidad, su cuerpo estaba encogido, como un ovillo, daba la impresión de que durmiera en una caja. El cabello corto estaba ligeramente alborotado /nada q ver con el estropajo (chist personal)/ El príncipe se sentó a la orilla de la cama y se quedó contemplándola varios minutos
“Ahora comprendo...”
La joven abrió los ojos y se incorporó apresuradamente al percatarse de la presencia de él.
-A-alteza... ¿q-q-qué...? no d-debería...se supone que...- balbuceó
-Calma. Aún no amanece. No voy a dañarte-
-P-pero... ¿q-qué hace aquí?-
-Vine a verte ¿qué no puedo?-
-N-no, no es eso ¿En qué puedo ayudarle señor?-
-Deja de decirme “señor”. Es la millonésima vez que te lo pido Kefren-
-Disculpa... Yami es que... no me acostumbro...-
-Está bien. De todas formas, ya me ayudaste mucho hoy-
-No comprendo-
Mientras conversaban el sol mostró sus primeros rayos. A la puerta de la habitación se escucharon golpes, seguidos de la voz de un hombre
-Majestad, es momento de que se levante. Su madre y hermanos le esperan a la mesa-anunció la voz
-Hablaremos más tarde ¿sí?-el joven salió de la habitación ciertamente frustrado.
En el pasillo se encontró con Seto, que iba ligeramente despeinado y con la ropa un poco arrugada. Sonreía de una manera ciertamente extraña y ni siquiera reprochó a su hermano por la demora habitual
-¿Y tú porqué tan sonriente?-
-Estoy feliz, ¿que no puedo?-
-Haz lo que quieras. Necesito pedirte un favor-
-Dime-
-Quiero hablar contigo después del desayuno, ¿te importaría?-
-Siempre y cuando no tenga que darte un mapa para llegar a mi cuarto no hay problema-
-Gracias-
Un rato después ya estaban los dos en el cuarto de Seto.
-Entonces, dime para qué me haces perder mi tiempo-
-Cómo si tuvieras tanto que hacer. En fin, sabes que confío en ti más que en ninguna otra persona en el mundo-
-Lindo, muy lindo. Prosigue-
-El caso es que después de pensarlo mucho, me di cuenta de que no podré cumplir con las expectativas de nuestro padre-
-Hace mucho decidimos que haríamos hasta lo imposible para que su majestad nombre a Shasta como príncipe heredero-
-No me refiero a eso. Quiero decir, sabes que su majestad desea que me case con nuestra querida prima Ishizu, o con alguna hija de grande-
-Él conoce nuestra absoluta negativa-
-¿Me dejas terminar?-
-Dale-
-Lo que pasa... es que yo... quiero casarme... con una esclava-explicó poniéndose todo rojo de pena
Su hermano se levantó repentinamente, sacó una bolsa de su armario y la llenó con ropa y comida.
-Eh... Seto... ¿qué haces?-
-Bueno, nuestro plan inicial era simplemente ser nosotros para que nuestro padre se diera cuenta de que somos un perfecto par de ineptos pero con lo que me acabas de decir y los acontecimientos recientes me quedó clara una cosa-
-¿?-
-Lo único que podemos hacer es empacar todo y fugarnos- explicó como si cualquier cosa
-Estás loco-
-Las cosas malas son de familia-
-No juegues por favor-
-No estoy jugando. Déjame arreglar un asunto y te ayudo a empacar-
-Vale, escapamos ¿y luego qué?-
-Cruzamos el mar. Del otro lado no somos nadie, nadie nos conoce. Siempre he tenido la ilusión de conocer el otro mundo, el otro lado del mar. Podríamos recomenzar, desde cero-
-Eso no me ayuda-
-Ya te dije. Del otro lado del mar no somos nadie. Podemos ir con ellas hasta allá y casarnos sin que nadie se oponga-
-¿“Ellas”?-
-Tu esclava y Nefer “aunque a Nefer puede no darle mucha risa el asunto” pensó para sí mirando hacia el rincón de reojo
Yami movió la cabeza reprobatoriamente –Olvidaba que eres un perfecto idiota-
-Suenas como nuestro padre-
El príncipe cayó en la cuenta del juego de su hermano. Se dio una palmada en la frente –Entonces ¿nos vamos ya?- sonrió soltando una carcajada.
Seto botó la bolsa en su armario –Algún día la recogeré- dijo con calma –Hablando seriamente, lo mejor sería esperar...yo diría que hasta la próxima crecida, para dar el aviso a nuestro padre. Tal vez nuestra madre nos apoyaría pero necesitamos hablar con ella y asegurarnos de que contamos con su apoyo-
-Hasta la próxima crecida... es más de un año, pero pienso que tienes razón. Tenemos que asegurar el apoyo de la reina-
-Entonces está acordado-
-Será lo mejor-
-No es cierto-
-¿Eh?-
-Lo mejor será la cara de su majestad cuando se entere- rió el joven
-Tienes razón- afirmó el príncipe heredero soltando la carcajada.
Esa noche
El príncipe entró a la oscura habitación. La cama estaba
vacía, en cambio, una silueta se dibujaba frente al ventanal. La
joven observaba el correr del río pensativa.
-¿Segura que no quieres volver con los tuyos?- preguntó el joven
La chica sintió que el corazón le daba un vuelco, mezcla de sorpresa y nerviosismo
-Yami...-
-Shhh. Ven conmigo-
La guió hasta su propia habitación, atravesaron la pared falsa y bajaron por la escalera de piedra. Esta vez, el príncipe le indicó que fueran por el túnel de la derecha. Luego de eso fueron sólo unos metros antes de toparse con una piedra bloqueando su camino. Él se acercó a la piedra que se movió como si fuera una puerta.
Al otro lado, estaba el jardín más bello que nadie hubiera visto. Estaba rodeado por altos muros de arbustos y era tan extenso como los jardines del palacio. El suelo estaba cubierto de hierba verde, montones de flores de todos los tipos, todas ellas tan vivas como las flores de una pradera. En el centro del jardín corría un pequeño riachuelo, y en medio del mismo había un pequeño montículo del cual brotaba una hermosa flor blanca. La luz de la luna se reflejaba en el agua del riachuelo y le daba a los pétalos de la flor un extraño resplandor como si sobre ellos hubiera caído un rocío de plata. Los dos jóvenes se acercaron al riachuelo y se sentaron a la orilla. Ella estaba nerviosa, pero se lo guardó y perdió su mirada en las aguas del riachuelo.
-¿Te gusta?- preguntó él
-Es... muy hermoso...-
-Qué bueno. ¿Sabes? Somos los únicos que conocemos este lugar-
-¿Ah?-
-No había querido contarle a nadie de este jardín. Suena egoísta pero eso ya es cosa mía. De todas formas me da gusto compartirlo contigo. Siento que... aunque muchas veces ya he contemplado esta misma flor, ahora que estás aquí me parece aún más hermosa-
-...-
-Estás callada Kefren, ¿dije algo que te molestara?-
-No, en absoluto. Sólo... he estado pensando en muchas cosas-
-Es curioso. Yo también estuve pensando mucho y ¿sabes? Llegué a una conclusión-
-¿A qué se refiere?-
-Lo que me pasó fue que en varios días no dejé de pensar en ti. Y hace varias noches que apareces en mis sueños. Estaba confundido, no entendía lo que me pasaba. Esta mañana fui a verte para aclarar esas dudas y me di cuenta... de que la Dorada (1) inundó mi corazón. Me di cuenta de que te amo y que no puedo hacer nada en contra de ello. Kefren, nada me haría más feliz que hacerte mi esposa-
Estas palabras inundaron de felicidad el corazón de la joven, pues no podía negar esos sentimientos que la asediaban hacía semanas. Sin embargo, permaneció en silencio y con la cabeza gacha. Yami la miró un momento, la tomó por el mentón y le levantó el rostro que se hallaba empapado en lágrimas.
-¿Lloras de tristeza o alegría?- preguntó sorprendido
-Un poco de ambas-
-¿Porqué?-
-Debería ser feliz, pues hace tiempo que mi corazón solo palpita por tu presencia mientras grita que te amo, pero mi alma se desgarra de dolor porque sabe que no soy digna de tu amor-
-Kefren... a mí no me importa que hayas nacido con los pies en el barro. No me importa porque no fue por eso que me enamoré de ti. Te amo por sobre todo lo demás, y estoy dispuesto a dejarlo todo sólo por estar contigo-
-Pero...- él le puso un dedo en los labios.
-Sólo me interesa saber si estarías dispuesta a convertirte en mi real esposa-
-Yo... no podría... eres el príncipe heredero y yo sólo...-
-Olvida todo eso. Olvida quién eres y quién soy... olvídate de lo que piensen los demás... olvídate de todas las barreras... piensa sólo en tus sentimientos, en lo que realmente quieres... escucha a tu corazón... ¿qué te dice?-
La joven guardó silencio un momento pero finalmente respondió –Dice que... quiero estar... contigo... siempre-
-Eso es todo... lo que quería saber- sonrió él besándola...
CONTINUARÁ
(1) La Dorada
se refiere a la diosa Hator, diosa egipcia del amor representada con una
ternera
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